Desde que era muy pequeña imaginaba lo que era trabajar. Jugaba a que me levantaba temprano, me ponía un traje y me iba a "la oficina", la cual solía ser una increíble caja de cartón en el jardín trasero de la casa de mis abuelos. Un día era una abogada, al otro una doctora reconocida y los fines de semana casi siempre era periodista detective o reina de Mordor. Fue hasta los 16 años cuando conseguí mi primer trabajo redituable. Una noble señora que vivía junto a la casa de mis abuelos me había recomendado como mesera para un restaurante y a pesar de que al principio no me agradaba la idea de sacrificar mis tardes hasta las 9pm, al final resultó que ese lugar se convirtió en mi segundo hogar, al menos hasta que murió mi abuelo. Tenía yo 18 años cuando mi abuela decidió que no podía seguir viviendo en la casa que había compartido con mi abuelo durante más de sesenta años. Nos mudamos de estado, yo justo había comenzado la universidad y en palabras de mi abuela "comenzam...