Desde que era muy pequeña imaginaba lo que era trabajar. Jugaba a que me levantaba temprano, me ponía un traje y me iba a "la oficina", la cual solía ser una increíble caja de cartón en el jardín trasero de la casa de mis abuelos. Un día era una abogada, al otro una doctora reconocida y los fines de semana casi siempre era periodista detective o reina de Mordor.
Fue hasta los 16 años cuando conseguí mi primer trabajo redituable. Una noble señora que vivía junto a la casa de mis abuelos me había recomendado como mesera para un restaurante y a pesar de que al principio no me agradaba la idea de sacrificar mis tardes hasta las 9pm, al final resultó que ese lugar se convirtió en mi segundo hogar, al menos hasta que murió mi abuelo.
Tenía yo 18 años cuando mi abuela decidió que no podía seguir viviendo en la casa que había compartido con mi abuelo durante más de sesenta años. Nos mudamos de estado, yo justo había comenzado la universidad y en palabras de mi abuela "comenzamos una nueva etapa desde cero".
Apenas instaladas en nuestro nuevo hogar encontré un trabajo de fin de semana como bibliotecaria en el que, aunque la paga era modesta, tenía preferencia en la renta de libros y salía a las 9pm.
Todos los días me levantaba, iba a la universidad y regresaba a hacer compañía a mi abuela. Platicábamos, íbamos de compras y cocinábamos. Siempre estaba junto a ella, sin embargo, desde hacía tiempo que ya no la sentía presente.
Tres años después ella murió. No sé si fue por tristeza o falta de voluntad, pero aunque el doctor decía que físicamente ella estaba bien, una noche de luna nueva y llovizna ella me abrazó, se despidió con un "le diré a tu abuelo que lo quieres" y se durmió para no despertar. Murió un Lunes a las 9pm, curiosamente, igual que mi abuelo.
Fue entonces que el trabajo se volvió la parte más importante de mi vida. Dejé el trabajo de bibliotecaria y me empeñé en entrar a una empresa que tuviera que ver con mi carrera. Yo estudiaba ingeniería en sistemas computacionales.
Encontré una vacante de becaria que me ayudó a distraerme un tiempo, pero después de seis meses, me había atorado en la rutina. Si no estaba trabajando estaba durmiendo o estudiando. No estaba interesada en novios por el momento y me sentía desmotivada. Renuncié al cabo de un año.
Estaba cayendo en depresión.
Fue entonces cuando un jueves a las 9pm entré al café "El árbol" y me senté a mirar al techo sin pensar en nada.
–¿Es un chico? –preguntó una joven que estaba en una mesa frente a la mía con traje demasiado formal para ser estudiante, supuse debería venir de la oficina.
–¿Disculpa?
–Seguramente es un chico el que te tiene pensando de esa manera ¿no es así?
Reí sarcasticamente.
–Quisiera que lo fuera pero no. Simplemente estoy perdida.
–¿Y qué es lo que buscas? –se sentó a mi lado, aún sin ser invitada, me gustó su atrevimiento.
–Eso.
Me miró perpleja.
–Busco algo que buscar.
Cuando lo dije en voz alta parecía bastante tonto, pero era lo que había estado en mi mente y no me dejaba en paz. Si tan solo tuviera algo que me emocionara realmente, o me retara. Algo que me apasionara y me hiciera levantarme en las mañanas, tal vez no le temería tanto a las 9pm.
–¿Has pensado en trabajar? –preguntó. Su voz era sincera así que no lo tomé como una ofensa. Solo reí y asentí.
–¿Estudias?
–Estoy por terminar la carrera.
–¿Qué estudiaste?
–Ingenieria en sistemas computacionales.
Me miró sorprendida.
–¿Has intentado trabajar en una empresa grande, como de unas cuatrocientas personas? Conocer gente y pertenecer.
–No del todo. –Respondí. Ya me había planteado la posibilidad de trabajar para la industria, sin embargo, el mercado era algo bastante competitivo en ese momento y yo no creía del todo en la cultura de la competencia. No sabía si me iba a sentir más sola o mejor así que descarté la opción algunos meses atrás.
–¿Por qué?
–Si solo voy a estar sacando copias, no gracias. –mentí.
Rió.
–Y si te digo que el ambiente es genial, vas a estar creciendo mucho y te vas sentir mejor ¿qué pensarías?
–¿Me estás ofreciendo trabajo?
Rió.
–Tal vez. ¿Eres buena en lo que haces? Te ves como una buena persona y algo me dice que nos llevaremos bien.
–Muy buena.
–¿Promedio de la carrera?
–9.3
–¿Experiencia?
–Un año en ********* compañía. Tres años de bibliotecaria y dos de mesera.
–¿Idiomas?
–Español e inglés. Ambos a la perfección.
–All right. ¿Tienes alguna cer...
–Pero esta empresa –interrumpí– ¿es buena con la gente? Lamento la interrupción.
Su sonrisa se amplió.
–Está bien. ¿A qué te refieres con buena?
Mis abuelos habían encontrado, por suerte, una empresa en la que trabajaron hasta jubilarse que era muy buena con la gente. Le importaba sus familias y su crecimiento, les pagaban justamente y las prestaciones eran geniales. Yo quería algo similar. Un buen lugar y un buen equipo. Los mejores amigos de mis abuelos eran de su universidad y su trabajo, yo sólo había podido conseguir dos amigas en la universidad así que mi esperanza –hasta ahora fallida– de agrandar mi circulo social se depositaba en mi empleo.
–¿Cómo definirías el ambiente en la empresa? ¿La gente se lleva bien?
–La empresa está dividida en cuatro áreas, en cada área la gente se lleva muy bien. Justo ahora se está buscando que todas las áreas se lleven con todas. Yo al menos estoy contenta, creo que mis compañeros también. ¿A ti te importa mucho eso?
Asentí.
– Me gustaría que hubiera más libertades en ciertas cosas pero fuera de eso, es un trabajo mejor que el promedio. Nos regalan cosas padres también, como tazas, termos y plumas. Una vez hasta tuppers nos dieron.
Rió.
Ella siguió hablando de cómo la empresa creció y qué hacían para mejorar día con día, yo seguí preguntando acerca de cómo yo podría ayudar a la empresa pero no fue sino hasta que llegó un joven a decirnos que ya iban a cerrar que me percaté de la hora.
Las dos reímos por el descuido.
Me descubrí emocionada por primera vez en meses.
–Suena interesante, me gustaría intentarlo. Creo que puedo ayudar y me gusta tener un propósito. ¿Con quién debo hablar de esta empresa?
Sonrió
–Conmigo. Bienvenida a ICORP. Te veo en esta dirección –me entregó una tarjeta– el lunes a las 9am para una entrevista formal.
Fue hasta los 16 años cuando conseguí mi primer trabajo redituable. Una noble señora que vivía junto a la casa de mis abuelos me había recomendado como mesera para un restaurante y a pesar de que al principio no me agradaba la idea de sacrificar mis tardes hasta las 9pm, al final resultó que ese lugar se convirtió en mi segundo hogar, al menos hasta que murió mi abuelo.
Tenía yo 18 años cuando mi abuela decidió que no podía seguir viviendo en la casa que había compartido con mi abuelo durante más de sesenta años. Nos mudamos de estado, yo justo había comenzado la universidad y en palabras de mi abuela "comenzamos una nueva etapa desde cero".
Apenas instaladas en nuestro nuevo hogar encontré un trabajo de fin de semana como bibliotecaria en el que, aunque la paga era modesta, tenía preferencia en la renta de libros y salía a las 9pm.
Todos los días me levantaba, iba a la universidad y regresaba a hacer compañía a mi abuela. Platicábamos, íbamos de compras y cocinábamos. Siempre estaba junto a ella, sin embargo, desde hacía tiempo que ya no la sentía presente.
Tres años después ella murió. No sé si fue por tristeza o falta de voluntad, pero aunque el doctor decía que físicamente ella estaba bien, una noche de luna nueva y llovizna ella me abrazó, se despidió con un "le diré a tu abuelo que lo quieres" y se durmió para no despertar. Murió un Lunes a las 9pm, curiosamente, igual que mi abuelo.
Fue entonces que el trabajo se volvió la parte más importante de mi vida. Dejé el trabajo de bibliotecaria y me empeñé en entrar a una empresa que tuviera que ver con mi carrera. Yo estudiaba ingeniería en sistemas computacionales.
Encontré una vacante de becaria que me ayudó a distraerme un tiempo, pero después de seis meses, me había atorado en la rutina. Si no estaba trabajando estaba durmiendo o estudiando. No estaba interesada en novios por el momento y me sentía desmotivada. Renuncié al cabo de un año.
Estaba cayendo en depresión.
Fue entonces cuando un jueves a las 9pm entré al café "El árbol" y me senté a mirar al techo sin pensar en nada.
–¿Es un chico? –preguntó una joven que estaba en una mesa frente a la mía con traje demasiado formal para ser estudiante, supuse debería venir de la oficina.
–¿Disculpa?
–Seguramente es un chico el que te tiene pensando de esa manera ¿no es así?
Reí sarcasticamente.
–Quisiera que lo fuera pero no. Simplemente estoy perdida.
–¿Y qué es lo que buscas? –se sentó a mi lado, aún sin ser invitada, me gustó su atrevimiento.
–Eso.
Me miró perpleja.
–Busco algo que buscar.
Cuando lo dije en voz alta parecía bastante tonto, pero era lo que había estado en mi mente y no me dejaba en paz. Si tan solo tuviera algo que me emocionara realmente, o me retara. Algo que me apasionara y me hiciera levantarme en las mañanas, tal vez no le temería tanto a las 9pm.
–¿Has pensado en trabajar? –preguntó. Su voz era sincera así que no lo tomé como una ofensa. Solo reí y asentí.
–¿Estudias?
–Estoy por terminar la carrera.
–¿Qué estudiaste?
–Ingenieria en sistemas computacionales.
Me miró sorprendida.
–¿Has intentado trabajar en una empresa grande, como de unas cuatrocientas personas? Conocer gente y pertenecer.
–No del todo. –Respondí. Ya me había planteado la posibilidad de trabajar para la industria, sin embargo, el mercado era algo bastante competitivo en ese momento y yo no creía del todo en la cultura de la competencia. No sabía si me iba a sentir más sola o mejor así que descarté la opción algunos meses atrás.
–¿Por qué?
–Si solo voy a estar sacando copias, no gracias. –mentí.
Rió.
–Y si te digo que el ambiente es genial, vas a estar creciendo mucho y te vas sentir mejor ¿qué pensarías?
–¿Me estás ofreciendo trabajo?
Rió.
–Tal vez. ¿Eres buena en lo que haces? Te ves como una buena persona y algo me dice que nos llevaremos bien.
–Muy buena.
–¿Promedio de la carrera?
–9.3
–¿Experiencia?
–Un año en ********* compañía. Tres años de bibliotecaria y dos de mesera.
–¿Idiomas?
–Español e inglés. Ambos a la perfección.
–All right. ¿Tienes alguna cer...
–Pero esta empresa –interrumpí– ¿es buena con la gente? Lamento la interrupción.
Su sonrisa se amplió.
–Está bien. ¿A qué te refieres con buena?
Mis abuelos habían encontrado, por suerte, una empresa en la que trabajaron hasta jubilarse que era muy buena con la gente. Le importaba sus familias y su crecimiento, les pagaban justamente y las prestaciones eran geniales. Yo quería algo similar. Un buen lugar y un buen equipo. Los mejores amigos de mis abuelos eran de su universidad y su trabajo, yo sólo había podido conseguir dos amigas en la universidad así que mi esperanza –hasta ahora fallida– de agrandar mi circulo social se depositaba en mi empleo.
–¿Cómo definirías el ambiente en la empresa? ¿La gente se lleva bien?
–La empresa está dividida en cuatro áreas, en cada área la gente se lleva muy bien. Justo ahora se está buscando que todas las áreas se lleven con todas. Yo al menos estoy contenta, creo que mis compañeros también. ¿A ti te importa mucho eso?
Asentí.
– Me gustaría que hubiera más libertades en ciertas cosas pero fuera de eso, es un trabajo mejor que el promedio. Nos regalan cosas padres también, como tazas, termos y plumas. Una vez hasta tuppers nos dieron.
Rió.
Ella siguió hablando de cómo la empresa creció y qué hacían para mejorar día con día, yo seguí preguntando acerca de cómo yo podría ayudar a la empresa pero no fue sino hasta que llegó un joven a decirnos que ya iban a cerrar que me percaté de la hora.
Las dos reímos por el descuido.
Me descubrí emocionada por primera vez en meses.
–Suena interesante, me gustaría intentarlo. Creo que puedo ayudar y me gusta tener un propósito. ¿Con quién debo hablar de esta empresa?
Sonrió
–Conmigo. Bienvenida a ICORP. Te veo en esta dirección –me entregó una tarjeta– el lunes a las 9am para una entrevista formal.
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